En 2009, Juan Carlos Luzuriaga, Magíster en Ciencias Humanas y Licenciado en Historia, publicó el libro El football del Novecientos. Orígenes y desarrollo del fútbol en el Uruguay (1875-1915), donde trabaja uno de los temas poco abordados por quienes publican sobre fútbol uruguayo: los inicios del deporte en este país. Fue a partir de esa publicación que entró en contacto con Pierre Arrighi y, con base a una idea que manejaba con Andrés Morales, decidieron crear el Grupo de Estudios del Fútbol (Grefu). Con él conversamos sobre cómo se forjó el proyecto y el aporte que desde el sur se puede hacer a la historia de este deporte.

«No soy un fanático del fútbol, me gusta, pero no es el eje de mi vida», se define el historiador, aunque destaca que se trata de un deporte importante para la sociedad. Confiesa haber sido «un patadura cuando era chico y por eso tal vez me dediqué a estudiarlo», bromea. A Luzuriaga le interesa trabajar temas poco abordados: «Siempre trabajé en el área contable en empresas privadas, y la actividad docente y el tiempo para la historia era marginal. Entonces traté de trabajar un área poco trabajada por el periodismo y por otros», como la abordada en el libro del 2009, ya que la última publicación sobre los orígenes del fútbol en nuestro país era de 1942, un libro de los hermanos Magariños Pitaluga.
Con Morales, magíster en Ciencias Humanas, opción Historia Rioplatense y autor de Fútbol, identidad y poder. 1916-1930, su tesis de maestría de 2013, y con Arrighi, un uruguayo hijo de padre francés que en la década del setenta se fue a ese país y actualmente es docente en la Universidad Julio Verne, vieron la necesidad de que hubiese en nuestro país «una perspectiva académica del fútbol y su entorno, algo que complemente la perspectiva periodística a través del trabajo de historiadores, sociólogos, politólogos, antropólogos, etc. Esa era la idea. Porque había una ausencia [de esa perspectiva] acá en Uruguay». Así fue que resolvieron presentar un proyecto a la Incubadora de Proyectos Investigación de la Unidad de Egresados y en diciembre de 2011 el Consejo de Facultad les dio el visto bueno. «La incubadora nos dio el soporte, los consejos de cómo manejarnos para formarlo y presentar el proyecto. Ahora dependemos del Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos (CEIU), pero estamos siempre en contacto con la Incubadora. Fue fundamental para nosotros», explica Luzuriaga.

Desde entonces optaron por trabajar en conjunto y con varios investigadores invitados a diversas actividades, pidiéndoles siempre perspectivas académicas sobre fútbol femenino, fútbol infantil, para personas con discapacidad, entre otros.
El primer objetivo que se plantearon fue presentar un grupo de trabajo, denominado «Fútbol, Cultura y Sociedad» en las Jornadas Académicas de Facultad de 2013, con exponentes de Argentina, Chile, y otros países de la región, modalidad que repetirían en las siguientes Jornadas. Al año siguiente, antes de que iniciara el mundial de Brasil, organizaron la actividad Mundiales desde el Sur.
También han enviado comunicaciones a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y a la Secretaría Nacional de Deportes para buscar caminos de cooperación. «La idea con la Secretaría es generar un convenio que nos permita hacer proyectos en el interior del país. Nuestra propuesta no puede quedar en Montevideo», subrayó.

Una mirada complementaria desde el sur

Luzuriaga destacó la importancia de aportar desde el hemisferio sur una mirada complementaria. Según el historiador, «algunos investigadores europeos (Tony Mason y Alfred Wahl, por ejemplo) tienen perspectivas eurocentristas del fútbol y el deporte, que minimiza, disminuye y cuestiona de una forma u otra los triunfos de Uruguay en las olimpiadas de 1924, 1928 y en el mundial de 1930. «No sé si esas perspectivas son conscientes o inconscientes. Pero plantean, por ejemplo: “bueno el campeonato del treinta, si hubieran venido los ingleses, ganaban los ingleses”. Pero los ingleses no se presentaron, no porque el Uruguay no les haya ofrecido facilidades para venir», señaló. Según explicó, ellos consideraron más importante su campeonato local. «Además, ellos ya habían visto la potencialidad de nuestra selección y tal vez eso influyó en la decisión, pienso yo. Era un campeonato que no se sabía qué futuro tenía, que tenía poca recepción europea y además hasta capaz que venían y perdían».
Otra perspectiva que minimiza los triunfos de La Celeste, explica el historiador, es la que apunta a determinadas presiones al equipo argentino en el mundial del treinta. «Hay crónicas que hablan de disparos en la frontera entre Uruguay y Argentina, lo cual no tiene sentido porque no hay frontera seca entre los dos países. De lo que hay pruebas es de las presiones propias de los partidos de la época, como puede haber en cualquier partido, dentro de la cancha, insultos y demás desde la tribuna. El árbitro del partido de la final del treinta dijo que el partido fue un partido común y corriente». Además, señaló que Mason en 1985 dijo que el primer mundial fue el de 1982 porque antes no estaban todos los continentes representados. «Son perspectivas que van creando una mirada» y frente a las cuales, para el Grefu, es positivo tener una mirada complementaria, en la cual «como hemisferio sur tenemos derecho a tener una opinión fundada porque no estamos hablando de sistemas espaciales. Estamo hablando de algo de lo cual tenemos antecedentes para opinar. Y por eso sentimos el derecho de dar nuestras opiniones complementarias», resumió.
Consultado sobre qué representa el fútbol para los uruguayos, responde: «Nos hace encarnar el mito de David contra Goliat, siempre, en todos los campeonatos en todos los partidos. Aquel chiquito que logra derrotar al más grande. Aquel que tiene menos condiciones, que está en inferioridad física, económica, númerica, se revela y logra derrotar al poderoso».Y en el caso de nuestra sociedad tenemos como referentes «esos mitos ciertos: los cuatro campeonatos. Yo no soy psicologo ni nada, pero como no va a ser grato para el individuo vincularse con eso». 

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