El cantante, compositor y guitarrista Daniel Viglietti falleció este lunes a los 78 años por complicaciones durante una intervención quirúrgica, dejando una obra musical magnífica y un legado de compromiso social y político.

Criado en una familia donde predominaba la música —la madre, Lyda Indart, era pianista y el padre, Cédar Viglietti, guitarrista—, se formó con los maestros Atilio Rapat y Abel Carlevaro. Luego de su formación académica, en la década de 1960 decidió dedicarse a la música popular.

Se transformó en uno de los protagonistas de la música popular de Uruguay, siendo reconocido por su impronta de luchador social, comprometido con la izquierda y las luchas populares del momento. Sus canciones y textos reflejaban estas posturas, hechos que le valieron varias censuras, prohibiciones e incluso la detención en 1972 en un contexto de creciente violencia social y represión oficial a la izquierda.

La campaña de solidaridad por su liberación trascendió fronteras e involucró a personalidades como Jean Paul Sartre y Julio Cortázar. Luego de su liberación, se sucedieron hechos que lo obligaron a emprender el exilio.

Tras 11 años en Francia regresó al país el 1 de setiembre de 1984, con un recital en el Estadio Franzini ante miles de personas. Continuó su carrera como cantante, compositor, militante social. Ejerció el periodismo enfocado en la música popular, con su programa radial Tímpano y más adelante el televisivo Párpado, donde volcó su extenso archivo que recoge entrevistas y testimonios de los más variados protagonistas de la música popular: Pete Seeger, Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Jorge Lazaroff y otros.

Viglietti es considerado uno de los mayores exponentes de la música popular uruguaya, con un gran reconocimiento en América Latina. En su discografía destacan Canciones para el hombre nuevo (1968, Orfeo), Canto libre (1970, Orfeo), Canciones chuecas (1971, Orfeo), Trópicos (1973, Orfeo), Trabajo de hormiga (1984, Music Hall), A dos voces (1985, Orfeo, junto a Mario Benedetti), Esdrújulo (1993, Orfeo) y Devenir (2004, Ayuí / Tacuabé). Su álbum más reciente fue Trabajo de hormiga, relanzado en 2008. (Tomado del portal de la Universidad de la República)

Marcelo Pereira escribía en 2015 en La Diaria: «Lo que tienen Viglietti y su obra es que no enmudecen; siguen invitándonos con elocuencia a lo nuevo. Como cuando él y otros, desde los años sesenta, pusieron altos los listones y quedó claro, para quien quisiera verlo, que el “mensaje” de las canciones no eximía de responsabilidades “formales”, sino que tal vez las aumentaba; o cuando se animó a incluir una batería rockera en Canciones chuecas; o cuando nos puso al día con los cantautores de Brasil y Cuba en Trópicos; o cuando volvió del exilio con canciones que iban más hondo; o cuando sigue buscando junto a La Banda en Sol Mayor, en vez de reiterarse sobre seguro, solo con su guitarra.
No tiene él la culpa, por cierto, de que aquello del hombre nuevo y de una sociedad más libre, solidaria y justa parezca hoy viejo para unos cuantos, o de que otros trabajen para que parezca viejo.»

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